LA EXPERIENCIA DE COSMO’S FACTORY (CREEDENCE CLEARWATER REVIVAL)

Wilfer Conde
Cuando uno está adentrándose al rock clásico - de ese que suelen amar los viejos de cabello largo y lentes oscuros - la mayoría de las veces uno inicia por nombres como The Beatles, Pink Floyd, Led Zeppelin, The Rolling Stones, y demás bandas británicas, y con justa razón, pues son bandas que marcaron un antes y un después en la historia de la música popular y cuentan con catálogos sólidos. Pero muchas veces no es hasta haber indagado un poco más en ese extenso mundo, que uno se da cuenta que existe Creedence Clearwater Revival, quienes fueron tan geniales como las anteriores, pero que por alguna razón no tienen en la actualidad la misma repercusión mediática de las anteriores. Y las razones de esto son varias, como el hecho de que ellos se alejaron de la imperante psicodelia hippie y la vanguardia experimental de finales de los sesenta e inicios de los setenta, o que su música no cambió drásticamente la historia del rock como si lo hicieron otras bandas, o que su disolución se dio en medio de conflictos internos por la dictadura artística de John Fogerty y los terribles problemas que tuvieron con su sello discográfico... Y, aunque gozaron de éxito masivo en su momento, las razones del por qué no se "canoniza" a Creedence Clearwater Revival con la misma mística de otras bandas podría ser objeto de estudio en otra ocasión, porque aquí hablaré específicamente de su quinto álbum de estudio Cosmo's Factory, y por qué este se convirtió en uno de mis discos favoritos del rock.

Cuando estaba en mis años de fervorosa obsesión con el rock clásico, escuché los primeros tres discos de Creedence Clearwater Revival y me dejaron en un estado de duda: ¿era esta la tan aclamada banda de rock estadounidense que mencionaban las revistas de música en letras mayúsculas? me encontré con una banda que tenía un sonido que habría asociado más bien con la música que escucharía un ermitaño en su silla mecedora en la profundidad de un pantano que en una mano sostiene una escopeta vieja para asustar cocodrilos, y en la otra, una cerveza barata. No era precisamente a lo que estaba acostumbrado; no había experimentación, ni jams largas, ni solos de guitarra técnicos, ni conceptos extraños. Eran sólo canciones muy pegadizas con una estructura reconocible y un sonido rustico y campestre.
Un tiempo después, y para ponerme al día con su discografía, escuché Willy and The Poor Boys de 1969, su cuarto álbum de estudio. Aquí caí enamorado de su estilo que era una mezcla del blues sureño, el rock and roll y el country de los cincuenta, donde la mayoría de las canciones parecían himnos hechos en un estado de lucidez total. Este álbum me sonaba a la cosa más "rock" que había escuchado jamás. Tenía un swing y un groove que me hacían volver constantemente a este.

Y aquí quiero hacer una pequeña aclaración que me parece importante y que agrega algo de contexto al sonido de la banda. Ellos eran originarios de El Cerrito, California, muy cerca de San Francisco, que era por aquellos días el epicentro creativo del rock en Estados Unidos con bandas como Jefferson Airplane y Grateful Dead. En ese lugar se estaba desarrollando una corriente más intelectual del rock, influenciados por la psicodelia, la experimentación, las letras abstractas y la cultura hippie. A Fogerty, sin embargo, le fascinaba el blues de los cincuenta y había pasado muchas horas escuchando a los artistas del sur de Estados Unidos. Él quería hacer rock de “raíz”, que estuviera más conectado a la clase trabajadora, así que se desligó completamente de lo que sucedía en la escena de California y se sumergió en el swamp rock, con la sensibilidad artística del r&b, el country y el folk. Es por eso que Creedence Clearwater Revival sonaban a un lugar en el que nunca habían estado, manteniendo un estilo más tradicional y agreste.
Luego estaba Cosmo's Factory de 1970 mirándome de cerca, recordándome que tarde o temprano tenía que escuchar el álbum más aclamado de la banda en todos lados. Aun así, mi cerebro se negaba a aceptar que había algo mejor que Willy and The Poor Boys.

Sin embargo, el día llegó: escuché su quinto trabajo. Al principio me resistía a considerarlo mejor que el anterior. Aunque estaba en un nivel similar para mí, lo dejaba en un segundo lugar porque ya había pasado mucho tiempo con Willy and The Poor Boys y mis sentimientos por ese disco pesaban más que mi juicio racional en ese momento.
Ya con el tiempo, entre más lo escuchaba más me gustaba, y me di cuenta de que Cosmo's Factory no tenía espacios de relleno, como los que si encontraba en el cuarto álbum en sus canciones instrumentales. Todas las canciones del álbum eran la representación máxima de la madurez y evolución que había tenido la banda en apenas dos años desde su primer lanzamiento homónimo.
Este mismo álbum fue el que me hizo volver atrás a sus primeros discos y entenderlos mejor, valorar correctamente lo que significaba el sonido que había adoptado la banda, y ver como cada disco era mejor que el anterior. Al final del día, me fui con la opinión popular y reconocí a Cosmo's Factory como el mejor disco de la banda y también mi favorito de ellos.
Pero la admiración y respeto que desarrollé por este álbum llegaron a un punto tal que se terminó convirtiendo indudablemente en uno de mis discos favoritos de toda la historia musical. ¿Cómo era posible para un álbum sin mayores artificios ni pretensiones técnicas lograr tal nivel de perfección? Todas las canciones aquí eran un deleite sin pérdida alguna, por primera vez vi a Creedence Clearwater Revival arriesgándose a romper sus propios patrones de tiempo sin afectar ese gran sentido del ritmo y la melodía que tenía John Fogerty y compañía. Además, había algo en la voz de Fogerty, como un eco arenoso en la mezcla que lo hacía resonar diferente a cualquier otro vocalista de rock. Canciones como "Ramble Tamble", "Before You Accuse Me", "Lookin' Out My Back Door", "Who'll Stop The Rain" y "Long As I Can See The Light" mostraban a una banda totalmente compenetrada, tocando los que yo considero algunos de los mejores temas en la historia del rock.
De Cosmo's Factory siempre me he maravillado al prestar atención a cómo trabaja en sincronía el bajo y la batería, cortesía de Stu Cook y Doug Clifford respectivamente, para darle el encanto rítmico que hace que todas las canciones aquí sean hits asegurados.
Este es un álbum que me da un envión de energía en cualquier momento, que me hace sentir en algún lugar caluroso, húmedo y apartado en bosques donde el sudor escurre, que me hace cantar y gritar al ritmo de las apasionadas vocales de John Fogerty, y que, si le echo un ojo a las letras, me doy cuenta de que son las mejores de su carrera, con más madurez que en discos anteriores, políticas y rebeldes, sin perder ese estilo juguetón y casual donde también caben temáticas más cliché.
Yo aun sigo sin entender cómo este álbum nunca ha sido más comentado en las comunidades musicales de internet, a pesar de que nunca leí una crítica negativa sobre este, - ¿Acaso alguien se atrevería a encontrar fisuras donde no las hay? – pero es increíble que un álbum que parece ser una absurda compilación de grandes hits, no tenga mas fans alardeando sobre este.
En Cosmo's Factory el rock es preservado en un estado de pureza como pretendía John Fogerty, nos da canciones rasposas, sencillas, directas, con chispa, y que en mi opinión, son un pequeño museo que recoge todo lo bueno que dejo la música popular desde los cincuenta hasta los setenta tempranos: aquí podemos percibir el capricho que tenía Fogerty con el rock and roll, además de que se encuentra, en cantidades más pequeñas o más grandes, algo de delta blues, r&b, country, soul, y una ligereza jazzera en el momento en que John toca el saxofón. Esto es rock que transpira, que se mueve, rock que habla de lo palpable de la realidad, rock que es fiel a sus orígenes, y que, sin embargo, sigue sonando con una frescura atemporal que parece que esos más de cincuenta años no le han dado arrugas, sino laureles de oro en el olimpo de lo más grande en la historia del rock.
Y, aunque este sería el último álbum de gran magnitud en su carrera, la banda se consolidó aquí como uno de los nombres más exitosos que vio nacer el rock.
Gracias a Cosmo's Factory entendí mejor a una de las bandas más importantes y galardonadas en la historia del rock, y me enseñó que se puede ser inmortal con música que decide ser simple, ligada a la tradición de las zonas marginales profundas, y sin seguir las corrientes artísticas de su tiempo. Para mí, este es uno de los álbumes que debería enseñarse a cualquier persona que quiera saber lo que significa el rock en su estado más puro.

Así se siente la experiencia de este álbum, como pasar una tarde calurosa en tu pequeña casa de madera en las profundidades del pantano opresivo, esperando la noche para descolgar la guitarra y tomar alcohol hasta que se acabe el vinilo de Mississippi John Hurt.




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