La experiencia de: Vaho - Asia menor
Vaho - Asia menor (2026, post punk, post rock, noise rock, experimental rock)
Cuando estamos frente a un paisaje nebuloso, quizás lo más inquietante no sea aquello que nos priva de ver, sino aquello que nos obliga a imaginar. Comenzamos a distorsionar el paisaje: los bordes y contornos de los árboles se vuelven difusos,no parece haber un horizonte claro, las caras conocidas comienzan a perder familiaridad y el camino a recorrer se hace interminable, incierto, indescifrable. Este fenómeno nos hace dudar sobre la percepción de nuestro espacio ¿Cuánto del paisaje es real y cuánto me lo estoy imaginando?

El querer cruzar la bruma se convierte en un reto no solo físico, avanzar conlleva enfrentarnos a nuestra sugestión, a la autoexploración e introspección, sin embargo, mientras más nos adentramos más parecemos perdernos, aunque, paradójicamente, permite conocernos mejor.
Quizás, perdernos también forma parte del camino.

Vaho de Asia menor se sitúa en medio de este punto. Mientras su antecesor (Enola gay) narraba de forma explícita emociones -como la soledad, desesperación o la tristeza acumulada- , en esta segunda entrega en vez de describir y explicar sentimientos, se inclinan por mostrarlos, ya no tanto desde la exploración, sino desde un punto de resignación, el tener que experimentarlas, incluso cuando estas no sean del todo claras, cuando llegan a ser abrumadoras o desorientadoras. En estos 3 años que han pasado desde su debut, el cuarteto chileno empieza a sofisticar la propuesta que nos habían presentado con anterioridad, no necesariamente por la complejidad de las canciones o el nivel técnico de los instrumentos, si no por la experiencia que han adquirido como banda,como han aprendido a economizar y sacar el máximo provecho de sus recursos. Hacer más con menos y no cerrarse a experimentar. Vaho cuenta con 8 tracks que nos hacen sentir perdidos: Melodías incompletas, riffs cíclicos, voces que parecieran no estar en su lugar que se acumulan hasta que llega un quiebre, un parón, un momento de claridad.

Muchas de las canciones de este proyecto están cimentadas sobre un riff simple -si lo comparamos con las guitarras del Enola, claro- , este es repetido a modo de mantra, lo interesante es ver cómo dialogan los demás instrumentos sobre esta base, creo que esa es una de las mayores diferencias con el trabajo anterior, la forma de trabajar la repetición.
Normalmente cuando se presenta un riff repetitivo, tiene como fin crear estabilidad y cierta familiaridad, un punto de referencia para indicarnos dónde estamos parados. Vaho toma este recurso para hacernos dudar, entramos en tensión. La familiaridad producida por la repetición hace que cualquier cambio que hagan -por mínimo que parezca- sea mucho más significativo : un sintetizador a la lejanía, un grito enterrado, una variación mínima en el riff establecido son suficientes para modificar aquello que creíamos conocer. Esta dualidad entre familiaridad/extrañeza está plasmada en buena parte del disco, las canciones parecieran ser mecanismos sencillos que, poco a poco, se van deformando, tal es el caso de “seis lagunas”, “cartas” o “lo bueno que tiene, lo malo que ignoro” las cuales ilustran a la perfección la idea que intento transmitir, riffs sencillos pero extraños, los cuales se mantienen prácticamente inmutables hasta que llega un quiebre.
Otro de los cambios significativos con respecto a su antecesor está en la voz de Jorge Scheurmann. Mientras en el enola gay predominaba una forma de canto más melódica con coros cantables -semejantes al midwest emo-, en este trabajo la voz también pierde estabilidad. Jorge puede pasar de registros melódicos, a gritos estruendosos, y la palabra hablada pronunciando unas pocas sílabas en la misma canción, convirtiendo a la voz en un elemento compositivo más.

A medida que las piezas avanzan, estos pequeños cambios comienzan a acumularse. Lo que inicialmente parece contenido termina construyendo una atmósfera cada vez más densa y pesada, hasta que finalmente todo se desborda. Esto alcanza uno de sus puntos más claros en “Calor”, la última canción del disco. Nuevamente se presentan varios motivos, que poco a poco se vuelve familiar, pero esta vez la repetición no parece conducirnos hacia la estabilidad, sino hacia su destrucción, mientras la pieza evoluciona, da la impresión de que la banda no quiere modificar ese motivo, sino borrarlo por completo: llevarlo hasta el límite, deformarlo y finalmente hacerlo colapsar.
Vaho no es un disco fácil de digerir, es un proyecto denso pero sobre todo, es un riesgo. Asia menor fácilmente pudo seguir por el camino que habían trazado con Enola gay, alargando la fórmula que los hizo conocidos, pero no fue así, decidieron desviarse y experimentar, decidieron perderse. Vaho nos invita a hacer lo mismo, dejar de buscar un camino claro y dejar que el inconsciente haga su parte. para que cuando salgamos de esta neblina, podamos ver las cosas con otra óptica.



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