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NEOFOLK: UN MUNDO ENTRE LA VERDAD Y LA POLEMICA

Foto del escritor: Wilfer Conde
Wilfer Conde
hace 4 días
7 min de lectura


El neofolk es uno de esos géneros musicales que divide a la gente, y probablemente nunca deje de existir esa tensión punzante que ha embriagado las esferas de este nicho. Hoy voy a hablarles de uno de mis subgéneros favoritos del folk contemporáneo, uno que no deja indiferente a nadie y que, más allá de la música, es un universo lleno de simbología y raíces bien definidas, uno con el que, si te enganchas, te puede llegar a adentrar a su fascinante (y a veces problemático) mundo. Además, mostraré como ha sido la evolución del género desde sus inicios en la primera mitad de los años ochenta hasta nuestros días. Esto es: cómo adentrarse al neofolk (sin caer en

propaganda fascista).


Originalmente, el neofolk nació en la primera mitad de la década de los años ochenta como un desprendimiento hacia formas más simplificadas y acústicas de explorar la corriente de la música post-industrial de donde surge el neofolk con tres actores principales: Death in June, Sol Invictus y Current 93.


Pero antes de hablar plenamente del neofolk, trataré de poner en contexto lo que es el término post-industrial y de lo que sucedía en esa escena por aquellos días. La música post-industrial surge a inicios de los ochenta como una evolución de la primera ola de la música industrial en los setenta y se centra en la creación de atmosferas, texturas y un distanciamiento de las estructuras convencionales de la canción comercial a través de medios más analógicos. Además, aquí se diversifica el género al unir elementos de otros estilos no afines a la música industrial como el rock, el folk, la música experimental y la darkwave.


El término post-industrial sirvió entonces como un paraguas para agrupar a una ola naciente de estilos que van desde el que nos corresponde hoy (neofolk), el dark ambient, el drone, los corrosivos power electronics y death industrial, el martial industrial, etc. Todos estos seguían manteniendo una visión estética basada en el ocultismo, la experimentación y una postura provocadora heredada de las bandas pioneras como Throbbing Gristle, SPK, Nurse with Wound, y demás.


Es hora de pasar al apartado sonoro y estético para aprender a distinguirlo fácilmente de cualquier otro estilo que se le parezca. Y es que, afortunadamente, el neofolk tiene una serie de características que lo hacen inconfundible a cualquier oído, siendo lo más recurrente el uso de la guitarra acústica, empleando rasgueos y arpegios rítmicos y repetitivos, principalmente acordes mayores y menores. A esto se le suma el uso del violín e instrumentos tradicionales como la lira. Para las percusiones se usan tambores o bombos para crear pulsos rítmicos orgánicos, oscuros y terrenales, a menudo inspirados en los ritmos de marcha militar traídos del martial industrial. En la sección de vientos es común el uso de flautas rústicas, sopilkas, y ocasionalmente cuernos ancestrales que aportan misticismo pagano. Y , por último, como un bonus en su sonido, es frecuente el uso de sintetizadores suaves, teclados, secciones de ruido, grabaciones ambientales (campanas, viento, naturaleza) y samples de discursos militares y voces históricas.


La manera en que es cantado puede variar de una banda a otra: desde un estilo vocal introspectivo, casi narrado y hablado, a uno más distante, frío y meditativo. El tema vocal aquí muchas veces carece de tecnicismo, aunque, el neofolk en sí, es un género carente y rehusado al tecnicismo y la complejidad, apelando más al uso de atmosferas, emociones y fuerza estética. Se puede resumir que el neofolk es música simple, repetitiva, melódica y con una gran carga poética y simbológica.


Ahora, uno de los puntos de amor-odio que separa a los oyentes del neofolk: la temática lírica, la simbología política y su asociación a grupos políticos radicales de extrema derecha.


Trataré de ser lo más claro y breve en esta sección, ya que da para interpretaciones y ambigüedades, pero hay que hablar de los hechos concretos. Para quienes no están familiarizados con el neofolk les diré brevemente que este genero siempre ha estado expuesto a la controversia desde el inicio de su existencia: bandas como Death in June y Sol Invictus, además de ser importantes en la fundación del neofolk, han estado asociados directa o indirectamente con ideas reaccionarias de extrema derecha. Douglas Pierce de Death in June ha basado durante mucho tiempo la estética de la banda en la simbología nazi (como la totenkopf).


Por otro lado, Tony Wakeford de Sol Invictus fue militante de grupos de extrema derecha antes de distanciarse de esa faceta.


Aunque, si bien las referencias al nacismo dentro del neofolk son generalmente sutiles y poco explicitas, el género se nutre principalmente de una narrativa romántica y poética reaccionaria que rechaza la modernidad, crea historias sobre un falso pasado europeo glorioso y engendra ideas ultranacionalistas. Además, varias bandas han decidido deliberadamente usar simbología de la Segunda Guerra Mundial como uniformes, runas e iconografía asociada al Tercer Reich.


Muchas bandas, incluso las más polémicas en este aspecto, han tratado de desligarse de estas acusaciones al argumentar que esto hace parte de la provocación y exploración artística de lo “prohibido”, aunque muchos críticos señalen que esto es solo una forma de atraer a las nuevas juventudes a la extrema derecha bajo la idealización de ideologías anti humanistas como el nacismo.


Pero esto no es motivo para dejar de lado el género y pensar que está plagado de neonazis. La mayoría de las bandas de neofolk no están relacionadas e incluso rechazan esta estigmatización que sufrieron a causa de casos particulares. El neofolk se ha convertido, para muchas bandas, en una forma de luchar contra el fascismo y repudiar cualquier acto similar.


El neofolk habla en sus letras sobre las tradiciones europeas, el paganismo, la naturaleza, el misticismo, la historia, el ocultismo, la espiritualidad, la mitología europea, el esoterismo, la guerra y demás temáticas que le han dado su otro conocido nombre: apocalyptic folk. Estas letras muchas veces son narradas con un estilo poético pesimista de nostalgia por el pasado y lo rural y una fuerte critica al modernismo que pone en riesgo a occidente.


Ya habiendo dejado sentadas estas bases y conflictos, nos vamos directo al nacimiento del neofolk. Podemos ubicar exactamente los años 1983 y 1984 donde se lanzaron los primeros álbumes de neofolk por la banda Miracle Cave de Inglaterra: Coping With Illness y Turquoise Coal respectivamente.


Después de esto, en 1984, Death in June lanzaría el sencillo The Calling / She Said Destroy / Doubt to Nothing dando al género su primer aporte de muchos que vendrían después. Más tarde en 1985 lanzan otro sencillo: Come Before Christ and Murder Love / Torture by Roses, antes de lanzar su primer álbum de neofolk titulado The Wörld Thät Sümmer en 1986. Aunque en sus tres primeros discos ya hubieran coqueteado con este sonido, Death in June comenzó como una banda de post-punk y darkwave de corte marcial.



Otros álbumes importantes durante el nacimiento del neofolk son Die Andere Nacht (oder.G) de うばざくら (1986), The Temptation to Exist de Courage of Lassie (1986) y Against the Modern World de Sol Invictus (1987).



Para la segunda mitad de la década, el género se había expandido desde Inglaterra por toda Europa y el mundo. Nuevas bandas e ideas se unen a este cada vez más creciente estilo musical. Nombres como Grim, Skin, The Revolutionary Army of the Infant Jesus, Swans y otros, empiezan a sumarse a las filas del neofolk, dándole, en muchos casos, un aire vanguardista al género.


Algunos discos importantes de este periodo incluyen Message de Grim (1987), The Gift of Tears de The Revolutionary Army of the Infant Jesus (1987), Shame, Humility, Revenge de Skin (1988) y The Burning World de Swans (1989) (estos dos últimos liderados por Michael Gira).



En la década de los noventa, el género experimentaría un auge y evolución que definirían por completo su sonido, además de terminar de arraigarse totalmente en la cultura musical subterránea. En esta década la etiqueta neofolk ya estaba consolidada y sellos como World Serpent Distribution ayudaron a mantener un nicho sólido alejado de la industria musical comercial convencional. Además, es importante mencionar que aquí empieza una diversificación hacia otros géneros como el black metal, atrayendo nuevos oyentes al género.


Álbumes destacados de esta prolifera década son: But, What Ends When The Symbols Shatter? de Death in June (1992), Thunder Perfect Mind de Current 93 (1992), Beauty Reaps the Blood of Solitude de Nature and Organisation (1994), White Light From the Mouth of Infinity de Swans (1991), Amara Tanta Tyri de The Moon Lay Hidden Beneath a Cloud (1994), In the Rain de Sol Invictus (1995), Where at Night the Wood Grouse Plays de Empyrium (1999), Gilded by the Sun de Fire + Ice (1992), Kauan de Tenhi (1999) y Anthems From the Pleasure Park de Backworld (1999).



Entrado el nuevo siglo, el neofolk siguió forjando una fuerte base de fans de culto alrededor del mundo. Nuevas bandas seguían naciendo, nuevos álbumes a su vez se hacían un nombre dentro de los clásicos del género. También fue el momento en que se empezó a depurar desde adentro, adoptando una postura de lucha anti-fascista y alejándose de las temáticas centrales que lo habían hecho polémico en los ochenta y noventa.


Gracias al nacimiento de las redes sociales y foros musicales, se empezó a globalizar, lo que lo llevó a mezclarse con sonidos autóctonos de los lugares a los que llegaba. El neofolk del siglo XXI empezó a tomarse más en serio a sí mismo artísticamente y se deshizo de la estilización política de su instrumentalización, expandiéndose en terrenos como el dark ambient, el post-metal y el avant folk, narrando temáticas más personales, con estética minimalista, haciendo énfasis en la naturaleza, lo sagrado, la historia y dejando ver influencias que venían del folk horror y la música nórdica.


Los álbumes que considero imprescindibles en los 26 años de neofolk del siglo XXI son: The Inmost Light de Current 93 (2007), The Mantle de Agalloch (2002), Folk Aesthetic de Tenhi (2007), Flowers From Exile de Rome (2009), Sonnenheim de :Of the Wand & the Moon: (2005), Forlatt de Vàli (2004), Erde de Forseti (2004), Hazel Steps Through a Weathered Home de In Gowan Ring (2002), Beauty Will Save the World de The Revolutionary Army of the Infant Jesus (2015), Hewers of Wood and Drawers of Water de Kiss the Anus of a Black Cat (2010), Sangre de Muerdago de Sangre de Muerdago (2010), Notwendfeuer de Darkwood (2006), Solanaceae de Solanaceae (2009) y Barbara Carmina de Sangre Cavallum (2004).


Con esto terminamos un recorrido completo por el neofolk, entendiendo el contexto en el que nació y las polémicas de las que no ha estado exento. Esta es una guía que servirá a los futuros oyentes curiosos de adentrarse a un mundo lleno de historias, raíces profundas, amor por lo pagano, la naturaleza y las tradiciones, donde se ha construido una de las culturas musicales de nicho más fascinantes de los últimos 40 años. Por último, no está de más recordarte que escuches el género con espíritu crítico y apertura mental a lo que te ofrece, solo así podrás entenderlo mejor, disfrutarlo al máximo y discernir lo que debes de lo que no debes aceptar de este.

 
 
 

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